Mis más acertados errores y tú, Febrero.

Terminado ya el mes de los propósitos, de las buenas intenciones, del buen hacer, de las dietas desintoxicantes y el intento de hacer el máximo deporte posible para sentirte bien…nos hemos metido ya de lleno en Febrero, mes corto, pero siempre intenso.

Mes de carnavales y, este año, mes de Cuaresma… mes de cambio, mes de espera.

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Mes de alegría, letras, poesías, sutilezas con dulzura soltadas, de pequeños detalles… llegó.

 Febrero.

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Como todos vosotros imagino que haríais a principios de año, yo también comencé con mis propósitos bajo el brazo. El día de año nuevo cogí, como no es de extrañar, papel y lápiz, y con los ojos desbordantes de ilusión comencé a redactar mis intenciones, mis propósitos, mis objetivos. Con mis amigas comenzaba a comentar aquello que más deseo conseguir en este nuevo año y, como en mí tampoco es de extrañar, decidí  que me comería el mundo, que este año sería el mío, y que por una vez intentaría tenerlo todo bajo control.

GRAN ERROR.

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No tardé ni una semana en percatarme de que esos propósitos no serían cumplidos: porque siempre vuelvo a tropezar con la misma piedrecita, porque me encanta picotear entre comidas, porque difícilmente conseguiré hacer más deporte del que ya hago (dudo poder aumentar mi dosis a más de mis dos días a la semana), porque aunque me proponga no darle vueltas a las cosas seré la tonta que piensa y siente por todo y porque no quiero ni puedo tener el control de las cosas.

Soy como soy, y al darme cuenta de mi gran error redactado en año nuevo decidí rectificar y no centrarme solo en los típicos propósitos que, dicho sea de paso, más que propósitos yo llamaría: mis más acertados errores.

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No digo que Enero no  sea un mes especial, al contrario…es el mes de la ilusión, de la fuerza y ganas por realizar aquello que más anhelamos y que por diversas razones en el año que se fue no fuimos capaz de cumplir.

Pero Febrero tiene algo especial, tiene magia… una magia que tal vez solo los que amamos el carnaval podemos llegar a apreciar, una magia que se cuela por los rincones de la ciudad cuando ésta consigue cubrirse de blanco, una magia que nos llama a ser más detallistas que nunca, a dar lo mejor de nosotros, a sonreír…

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Una magia que nos da , por así decirlo, la buena bofetada para decir : ¡eh! ¡Comienza a vivir ya, que la cuesta de enero ha pasado y la magia de Febrero ha comenzado!

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Como decía, todo aquel propósito redactado en año nuevo recibió al poco tiempo un nuevo nombre: mis más acertados errores.

Y es que aunque nos empeñemos hay cosas que no se pueden cambiar.

Vuelvo a tropezar, vuelvo a caer sobre la misma piedra, vuelvo a ser yo misma dándome a los demás, y es que, por más bofetadas que la vida te dé, querida lectora…

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            tú sigues siendo esa niña…

Detallista.

     Soñadora.

           La que lo da todo por aquellos que en algún momento determinado necesitan de tu dulzor en la vida.

                    Un hombro sobre el que llorar.

                         Una carcajada para desahogarse.

                              Una buena compañía durante alguna que otra película romántica.

                                      Unos buenos pies que enamorados están del empedrado que sobre la ciudad han de pisar.

                                                 Unas buenas manos que siempre están dispuestas a coger lo que quiera llegar.

Y  un buen oído que durante un café de domingo siempre está dispuesto a escuchar.

Así eres tú.

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Tu yo interno, sencillo , humilde y soñador sigue intacto y eso nadie podrá cambiarlo jamás, ni tú misma por más que intentes hacerte la fuerte e interesante.

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Comienza la magia de Febrero a enseñarte que tus más acertados errores son los que te construyen como persona, que da igual las veces que llores, grites o te desesperes…que siempre serás capaz de ser tu misma, de dar lo mejor para todo aquel que contigo comparte la vida, que da igual las  veces que caigas porque esos pies, manos, ese hombro, oído…todo aquello que regalas es lo que consigue la sonrisa dibujar, porque eres así y así serás.

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Coqueta, dulce, algo inocente quizás y con mucho que aprender de todo lo que está por llegar, pero…¡benditos errores!

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Benditas las veces que te caerás, benditas las veces que te levantarás porque te fortalecerás, porque no vas a cambiar, porque Febrero ya se ha empezado a enamorar de esta chica que está deseando

       bailar,

                      pasear,

                                     conversar,

                                                          escribir,

                                                                             reír ,

                                                                                             llorar…

                                                                                                                vivir a tu lado.

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Y tropezará, pero benditos tropiezos que la levantarán, benditas las ganas de taconear, benditas las ganas de sentir

                          tu magia,

                                                   tu son,

                                                                            tu compás,

                                                                                                          tu querer,

                                                                                                                                             tus detalles…

Febrero.

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  Quiéreme como soy, que estoy enamorada de la vida y mis caídas, y quiero enamorarme también de ti.

La ciudad tiembla con tu sonrisa.

       Voy a ir directa al grano y sin dar muchos rodeos, primero porque soy de tener las cosas claras y, para claro, el papel sobre el que estoy escribiendo…así que, haciendo honor a este blanco inmaculado seré de igual modo blanca, inmaculada y, en lo que a palabras se refiere, transparente. Intentaré no alargarme en segundo lugar porque son más de las dos de la madrugada y aquí me tenéis cómo sino hubiera mañana, escribiendo sin parar (queridos lectores, voy a necesitar no sólo un café bien cargado, también una grúa para poder moverme de la cama y empezar el día).

¿Qué me pasa? ¿Qué me ha pasado?
Yo, que me sumergía en mi propio mundo escribiendo, que sentía, que anhelaba…me tomé parece ser al pie de la letra aquello que me dijeron a principio del verano de ” hazme el favor, criatura, desconecta en vacaciones”.
Eso hice señores, quise desaparecer de todo y por ello os resumiré el ya tan lejano verano en una sola palabra: PAZ. Aunque dicho período estival lo haya pasado nadando entre apuntes, otra gran parte ha estado en paz. Paz que me dieron en su momento las pequeñas escapadas y mi ciudad, esa que en verano tanto me acoge cuando el resto del mundo parece que de ella huye.

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Me perdí en su embrujo de tal modo que volver a la rutina ha supuesto un verdadero caos. Huí en su momento de situaciones que no podía ya controlar y, como la marea, lo que una vez se lleva lo vuelve a traer o vuelve a aparecer en otro lugar distinto, pero aparece.

 Y no quise que aparecieras, me negaba y me niego. ¡Pero no!Como por arte de magia, así, sin previo aviso y sin que lo quisiera,

¡Apareciste!

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De nuevo, sin más. Te vi aparecer bien cogido de la mano del otoño, con esos conjuntos tuyos otoñales que tanto me gustan, con esos colores que combinados con tu cabello y barba morena consiguen que tú enterito y el dandy que llevas dentro me quiten “er sentío” y desee arrancar por bulerías contigo.

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Y es que diga quién lo diga, pese a quién le pese ( a mí la que más) eres ese dandy que consigue ponerme de los nervios y calmarme al mismo tiempo , entre muchas otras más cosas que no te diré porque, como buen dandy, sabes demasiado. Así que apoyado con tu copa de balón, pensativo, inspirado y soñador… te dejo sabiendo demasiado, sin necesidad de que te diga nada más.

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Apareciste, ¡digo si apareciste! Y caí de nuevo, ni por tu culpa ni por la mía, caí. Y bien sabe Dios lo que cuesta levantarse.

 

La vuelta a la rutina supone el regreso de todo aquello que en verano has intentado apartar, aquello de lo que deseabas descansar, llámense horarios, trabajo, agobios, personas o situaciones. He dicho que sería clara ¿no? Pues sí, yo necesitaba descansar, de ti. Y no es que estuviera harta ni nada por el estilo, pero agota tenerte cada día en mi mente, agota saber que estás en mi misma ciudad, por las mismas calles, agota saber que amas los mismos lugares, que estás tan cerca… pero a la vez tan lejos… por eso, y alguna que otra cosa más, vi el cielo abierto cuando abandonabas nuestra ciudad, o cuando yo me podía de vez en cuando escapar. Y con esto no quiero decir que desaparecieras por completo, aunque lo intentara era imposible no pensar en ti pero, el verano me daba un respiro, un “venga, coge fuerzas”.

Nuestra ciudad, como muchas otras, se quedaba vacía y me hablaba más aún que de costumbre.

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 Y es que la ciudad tiembla con tu sonrisa…

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… y no son pocas las veces que he intentado correr bien deprisa para que dicho temblor no afectara a mi forma de caminar por nuestras calles.

 

¡AAY! Que no puede ser esto señores, aquello que perdí de vista volvió a mí sin que pudiera evitarlo. A esto me refiero cuando digo que la vuelta ha sido un caos. En ese tan deseado período estival me creí la reina del mambo. Reina de la ciudad, dueña de esas murallas, del empedrado que por las noches mágicas pisaba, de la brisa que entre las paredes se colaba y me acariciaba, cuando más enamorada de mi ciudad estaba… se acaba.

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Y es que a mí el verano en la ciudad me parece de cuento. No sé si os identificaréis con esto, pero yo adoro pasear y desconectar por las calles de mi ciudad, y más cuando necesitas pensar y sabes que poca gente es la que te vas a encontrar. No te iba a encontrar, en verano sabía que no te iba a encontrar. No iba a verte, estaba en mi tiempo de descanso. Veía como todos habían tomado otros rumbos y que yo, a mi manera, había tomado también otro distinto.

 

Una va aprendiendo a mirar lo que alrededor acontece de distinta manera a medida que pasan los días. La calle que un día pisas y pasa ante ti desapercibida es al día siguiente la que quizás logre tu conquista. Y es que a mí el verano en la ciudad me parece de cuento y, como en los buenos cuentos….Hay que dejarse conquistar. ¿Solo en verano?

51114_alicatado_alhambra_bigNo, estoy completamente enamorada de mi ciudad, y  hablo de su conquista cuando sin saber por qué sonríes al pasear, recordando: aquí tal, aquí cual. Pensando en la  vuelta a la rutina me daba por pensar: ¨este curso que comienza quiero que tú seas especial¨. Y se lo decía a esa calle que tanto me gusta, a ese mirador al que quisiera ir contigo, a ese café en el que juntos hablaríamos de lo que escribimos, a esos lugares santos que nos hacen cada año suspirar, tocar el cielo y,  con paso firme, avanzar.

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Es entonces cuando te conquista, cuando sabes que te habla…

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Y es entonces cuando te conquista, cuando te regala el oído, con sinceridad… cuando al pasar al pie de la Torre te hace andar al compás…

Y es entonces cuando te conquista… cuando vuelves a casa con pilas cargadas sin haber hecho nada excepcional, solo pasear.

 

Es ahí donde quiero llegar. A la rutina hay que engañarla. Y basta con dejarse conquistar día a día. Es cierto que el agobio y trasiego no ayudan, y que a veces la ciudad ahoga. Es cierto, quise desconectar de ti, pero necesitaba escuchar a esta, nuestra ciudad, que me hablaba cada vez más. Y , ¿cómo no me va a hablar? Mírala… 

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Intentando ser clara diré que sí, quise y necesitaba desconectar de ti, pero también deseaba que llegara la tarde otoñal para volver a verte y temblar con esa sonrisa. Y quedarme quieta, en mi sitio, sin hacer nada porque es eso mismo lo que tengo que hacer.

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Nuestra ciudad logra mi conquista día a día, y aunque sea en una mínima parte, esa conquista la logra porque tú también vives en ella. Porque amas lo que yo amo, porque te pierdes como yo me pierdo, porque escuchas como yo escucho y no dejas que tus palabras se las lleve el viento, tienes dentro cantidades de versos.

 

 ¨Si tú quisieras, amada ciudad mía, contigo me casaría¨

Se acabó

Existe un instante, un momento de tu vida en el que por unos segundos la lucidez o la completa locura te invaden la parte más instintiva, pasional e irracional de tu cerebro. Ese momento en el que pareces poseído por la gran María Jiménez y gritas a viva voz eso de ¡Se acabó! Y sí, se acabó porque yo me lo propuse o porque tú me incitaste a ello. Porque en ese momento de lucidez (o de locura transitoria) lo ves todo tan claro, ves como de algún modo (tal vez inconsciente) han jugado contigo, cómo se han aprovechado de tu vulnerabilidad, de tu manera fácil de ilusionarte ante cualquier mensaje de buenos días, con un si tú vas no lo pienso ni un segundo y cojo el primer tren para pasar esta noche contigo y darte el primer beso del año.

Fin de año

Llamadnos locas a las que nos ilusionamos cuando nos dicen que no le pidamos más a Dios o la vida que nos llegue el amor de nuestra vida porque ya lo teníamos a él. ¡Ay, pobres de nosotras! Es que malinterpretamos las cosas, malinterpretamos las frases, las sonrisas, las caricias y creemos ver amor donde solo hay… ¿Alguien me puede decir qué hay en esos gestos? Porque prometo que yo no lo sé, tal vez es que necesito un manual de instrucciones.

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A veces pienso que lo que existe es miedo, miedo a no controlar la situación, miedo a empezar algo que puede ser increíblemente bonito, miedo a ser feliz, miedo a pensar que no te mereces a la otra persona, miedo a que al final no salga bien, creo que llega un momento en el que casi sientes miedo al propio miedo. Pero en ese maravilloso momento en el que dices ¡Se acabó!, también piensas ¡Al carajo con el miedo!, han jugado conmigo de mala manera. Y haces oídos sordos a los consejos de tus amigas (las pobres tienen el cielo ganado y un piso en la playa por las veces que hacen de psicólogas contigo, en cualquier momento y en cualquier lugar), ellas te dicen que esperes un poco más, que hables con alguien que sepa más de la situación, que esperes a ver si existe una explicación más lógica al absoluto vacío y silencio que esa persona dejó en tu móvil y en tu vida. Ellas, con su paciencia infinita, tratan de rescatarte y sacarte de ese pozo en el que te sumerges cada día mientras aparecen sus últimas notificaciones en tu muro de Facebook, lees los tweets donde ves lo feliz que es y lo bien que le salen las cosas, odias a esa persona con la que ahora sale en la foto del whatsapp y todo esto bien aderezado con helado de chocolate y lágrimas, a ver si se llena bien el pozo y podemos ahogarnos en ellas sin la probabilidad de flotar.

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Pero al final siempre llega ese punto de inflexión en el que como diría el gran Joaquín Sabina, cuando al punto final de los finales, no le siguen dos puntos seguidos. Que es verdad, que eso es lo peor del amor cuando termina (llámalo amor, llámalo ilusión). Y tras ese ¡Se acabó!, cierras la puerta a las historias que tuviste con esa persona con todas las fuerzas del mundo. Y lo borras de Facebook, de Twitter, de Instagram, borras su número de teléfono y todas las fotos y canciones que te había enviado. Lo malo es que la canción sigue en ese ¡Se acabó!, “Se acabó porque yo me lo propuse, y sufrí…” Y sí que sufres cuando tienes que decir adiós a alguien que para ti ya era parte de tu vida, cuando ese alguien desaparece y tú decides terminar con todo. Porque queridos amigos, no conozco a nadie que haya cerrado la puerta sin que se hayan agrietado las paredes de su vida.

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Menos mal que no hay mal que cien años dure (ni cuerpo que lo aguante), y no sabes lo qué pasa un día, ni cómo, pero gracias a Dios y a tus amigas, esa angustia se transforma en dolor, y con mucho esfuerzo, el dolor se convierte en tristeza y después de muchos meses eres capaz de despertarte un día sin sentir que esa persona te falta y entonces todo vuelve a estar bien. Esto no lo digo yo, lo dice el gran Diego Peretti en una de mis películas favoritas “No sos vos, soy yo”, muy recomendable en épocas en las que tu dieta se basa en cualquier alimento que tenga al menos una tonelada de azúcar para olvidar las penas.

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Sí, todo esta bien… todo está bien hasta que un día por tu maravillosa mente pasa la pregunta que podrá arruinar todo lo que has conseguido hasta ahora ¿Qué será de él? Cada vez que esta pregunta pasa por tu cabeza, debería aparecer un cartel gigante ante tus ojos con luces de neón intermitentes diciendo DANGER, peligro, no lo hagas, no cometas esa estupidez. Lo malo es que ese cartel nunca aparece y acabas sucumbiendo a la tentación y cotilleas Facebook, Twitter, Instagram y lo ves que cada vez está más guapo, y más feliz y ves como las grietas que habían aparecido en tu pared y que con mucho esfuerzo habías cerrado, vuelven a aparecer. Pero que no cunda el pánico, que esto dura unos segundos, los justos para poner esa gran canción a todo volumen, agarrar el cepillo del pelo y cantar a los cuatro vientos ¡Se acabó… y ahora ya mi mundo es otro!

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Regálame la silla donde convergemos

Tenía la difícil misión de escribir una entrada para este rinconcito tan nuestro desde hace un tiempo. Os prometo que me iba a poner romántica pero no me ha salido y no me extraña. Cada uno tiene sus rituales y yo cuando quiero inspirarme salgo a pasear sin rumbo por mi bella ciudad y aparezco donde al fin y al cabo mi subconsciente me quiere llevar. Luego vuelvo a casa y me siento frente al ordenador y me acuerdo del atardecer que acabo de ver en cualquiera de los miradores que frecuento. Entonces pienso que debería de  ponerme romántica porque mis compañeras de batallas y de cafés lo hacen cada vez que quieren, pero no.
Y yo que no ceso en mi empeño, decido recurrir al Señor Spotify y eso no ayuda. Mi lista de canciones favoritas está inundada de compás y de palmas que llevan al amor a otra dimensión y al desamor a su extinción, y así no hay quien pueda.
Pero para que no se diga, yo lo intento de nuevo y decido que esto seguro que lo arregla Alejandro Sanz…y tampoco. Bien sabe Dios lo que me gustan sus canciones, pero hay dos con las que como me gusta a mí decir, muero.
Lo más gracioso es que la primera de ellas Regálame la silla donde te esperé no es que sea puro heavy metal, basicamente sigue invitando al 3/4 y al jaleo.
Y hace calor.
Y estamos en feria.
Y me marco un bailoteo sin precedentes.
Y me vuelvo a sentar frente al ordenador porque esto no es serio.
Y como os iba diciendo, recupero la compostura, le agradezco a mi público imaginario tanto aplauso y me paro a analizar la canción como la primera vez que la escuché. Entonces me viene a la cabeza otra que no es mi ciudad, y que me perdone la octava maravilla donde vivo, pero…
Por el puente de la esperanza, 
buscaba un rinconcito para la risa, 
pensando que ha valido la pena amarte
pasamos momentitos tan flamenquitos y vimos 
rinconcitos pa’ enamorarse.
…y por un momento me mudo aquí contigo.
Mirad la fotografía que la página de Sevilla Viajes/Ocio ha elegido para ilustrar su publicación sobre las terrazas y azoteas de la capital hispalense... ¡Es nuestra magnífica terraza con vistas a la ‪#‎Giralda‬! ¿Te imaginas tomando un mojito allí con el atardecer de fondo como en la imagen? ‪#‎VeranoSevilla14‬
Si te tengo que esperar  me busco una buena silla, ¿no?
Pienso en la amiga que los presentó en la canción y pienso también que todos la tenemos y que también todos le hemos dado las gracias por obrar ese milagro o en su defecto la hemos culpado de llevarnos de la mano hasta la calle de la amargura.
Pero sigo escuchando, que de los buenos sueños no conviene despertarse de golpe…
Yo paso por tu puerta casi to’ los días.
Yo paso y tú decides cuándo asomarte…
Y ahí lo deja, como quien no quiere la cosa pero es la mejor metáfora que hay en la canción. Tenemos tanto pasando por nuestra puerta y nosotros sin querer asomarnos con lo bueno que es que entre el aire nuevo…
Pero lo bueno si breve, dos veces bueno. Y mi canción termina pero la magia no. De repente viene a mi mente la que sería la continuación de la primera melodía, porque después de lo que podríamos llamar sueño de una noche en Sevilla, la segunda canción me lleva a las noches de verano, las de sal y me dejo guiar sin soltar la silla hasta la segunda casa del autor de nuestra banda sonora.
Ahora Donde Convergemos.
Ya iba teniendo ganas mira de conocerte, 
yo ya no tengo fuerzas, pa rescatar mi suerte, 
tengo algún sueño roto y tengo un plan pa tenerte, 
¿lo quieres ver?
Y hasta aquí hemos llegado para ver como se duerme la Tacita, porque cuando escuchas a Alejandro Sanz cantar esta canción te invita a venir a la Caleta en una noche abarrotada de gente, gente que desprende arte por los poros de su piel, que emana cuplés al calor de una noche de playa con las olas por testigo.
Ya no pretende hacerte el cuento más largo 
ahora ya no pongo más excusas,
prefiero mojarme y arreglarlo. 
Sigo teniendo la intención de quererte
hasta que se apague mi sol,
eso es lo único que no ha cambiado.
Puede que no haya cambiado o quizás es que no has llegado. No te espero en Cádiz ni en Sevilla, te espero donde partimos o donde nadie ha escrito todavía.
O mejor, no te espero.
A lo mejor no te espero yo porque sin saberlo me estás esperando tú a mí. Tal vez estemos demasiados ocupados en el ruido mundano que hace la gente y no dejamos que se oiga la canción que nos une, la que nos hace converger…
No lo dejes para después, 
tampoco lo vayas a hacer antes de tiempo, 
todas las cosas tienen su momento, búscalo.
Ese momento exacto,ese punto, 
donde convergen los sueños, 
donde converge lo nuestro, 
donde convergemos.
Mientras tanto no desesperes, tampoco te entretengas sólo párate a pensar que hay algo mejor esperando por ti. Recuerda que yo sigo confiando.
Geometric patterns decorate the entrance to a bar in Seville, recalling the influence of eight centuries of Islamic rule in Spain. Photo ©Mike Randolph
Porque tú tienes el poder .
Tú tienes en tus manos la fuerza del ser. 
Tú puedes hacer todo lo que quieras.
Tú puedes llegar a donde sueñas.
Yo sé que tú puedes, puedes.

El baile del despecho

 

Despecho (Del lat. despĕctus, menosprecio): Malquerencia nacida en el ánimo por desengaños sufridos en la consecución de los deseos o en los empeños de la vanidad.

Qué injustos somos no usando esta palabra, discriminándola de nuestro lenguaje coloquial con lo que podría vestir cualquier conversación. ¿Por qué nadie responde un “qué tal estás” con un “despechado/a?

A mí hasta hace unos días me sonaba a título de telenovela de verano a las 4 de la tarde pero ahora creo que incluso la voy a emplear en mi estado de Whatsapp. Y es que, aunque tú no lo sepas, también te has sentido así.

thanks for breaking up with me. . .

¿Quién no ha sufrido un desengaño amoroso, con algún amigo o en general? Yo por ejemplo el otro día, un desengaño de esos en los que al principio el choque es tan fuerte que crees que ha sido una simple sacudida que no trae consecuencias y cuando te paras a pensar, te sientas y oyes a tu conciencia decirte: mira que te lo dije pero tú ibas de lista… te hundes en la miseria.

No me hundí de echarme a llorar y pensar en no salir de mi casa hasta que tenga edad de cobrar la jubilación,  sino que me hundí porque como diría en gran Gabo, sentí que era la crónica de una muerte anunciada. Sabía que llegaría ese mazazo pero lo que no sabía es que me dolería tanto en boca de personas que siempre han querido lo mejor para mí, pero llega, duele y no puedes hacer otra cosa que…BAILAR.

Y no es broma.

Beyonce Single Ladies - SNL - Saturday Night Live - Classic - Justin Timberlake - unitard

No digo que llames un miércoles a las 2 de la mañana a tus amigas en fecha de exámenes para que suelten los apuntes porque que esa noche no vais a parar de bailar hasta que se os rompan los tacones. No (o sí).  Porque después de esa euforia compartida viene el bajón moqueante acompañado de helado de Mercadona que luego en veranito nos delata. Yo me refiero a cogerte el iPod o encender la radio y bailar encima del sofá canciones que odiabas. Da igual. Aunque tu perro te mire con cara de ¿quién es esta loca?, tú a lo tuyo. Esto es lo que los especialistas en enamoramientos pasajeros denominamos: El Baile del Despecho.

Lo patenté después de ver como Shakira le quemaba el coche a un cachas en “Don’t Bother” y oye, salvo que tu próximo fiche sea un gran abogado, tampoco es necesario que por un momentito de despecho acabes con una ficha policial.

El Baile del Despecho no es sólo un baile, es un ritual de limpieza (o hablando en plata: deshacerte de toda la mierda que pueda recordarte a ese malnacido). Esto lo patenté después de ver a la abuela de Ryan Reynolds en La Proposición (Ryan Reynols si estás leyendo esto, dime que tiene Blake Lively que no tenga yo, majete) y pensé que dejando al lado el fuego pero manteniendo el baile patético de Sandra Bullock, puedes empezar a borrar selfies, capturas de pantalla de las conversaciones que le pasabas a tus amigas, dejar de seguirlo en Facebook (gracias señores de Facebook por hacer que nos dejemos de torturar sin que la gente se entere) y dejar de cotillearle los favoritos de Twitter (porque a una persona se le conoce de verdad por sus favoritos) . Ah, y en Instagram ya según tú lo veas (denúncialo como spam y que le quiten la cuenta, pero con cariño y sin rencor).

Como dijimos en una de nuestras primeras entradas, la vida no esta hecha para ponernos nuestros propios precipicios, las dificultades ya vienen solas, así que deja de torturarte. Si lo que necesita es tiempo y decide que es el momento de emprender el camino de la soltería y ser un aprendiz de “dandy”, tómale la palabra y empieza tú a mimarte.  Si te ha cambiado por otra, no te intentes autoconvencer de que es fea y de que no durarán más de dos días, porque aunque lleves razón esa ya no es tu guerra. Si ha vuelto con su ex lo que tienes que hacer es coger palomitas y sentarte a ver cómo dos personas fingen haber cambiado o como a mí me gusta llamarlo, el efecto Titanic: se intuye un gran naufragio y alguno de los se va a quedar fuera de la tabla.

Y después de esto no te sentirás como nuevo/a, para qué te voy a engañar, pero tengo el mejor de los remedios: el tiempo. Ni los clavos esos que sacan otros (que al final se acumulan) ni las borracheras mal llevadas (que luego siempre hay documentos gráficos y amigos con mucha maldad). Me encantaría prometerte que vas a haberle olvidado cuando te levantes al día siguiente, pero no. Me encantaría decirte que no te la/lo vas a encontrar más por la calle, pero te mentiría. Me encantaría también decirte que se va a quedar llorando en una esquina sin poder olvidarte, pero te estaría engañando. Sólo puedo asegurarte que te repondrás de esta caída en la medida que tu quieras hacerlo porque, SÓLO TÚ puedes ayudarte de verdad y de manera decisiva en esta situación.

The perfect break up card.

PD: queda totalmente prohibido escuchar Adele, Pablo Alborán, Taylor Swift (la reina de la ruptura), Conchita o Alex Ubago.

PD 2: lo de Sandra Bullock igual es un poco drástico, procura no hacerlo en un sitio público.

 

Carta a Mayo.

Permitidme despedir este mes que se nos va con una buena sonrisa en la cara y con una carta al que, espero, haya sido el mes de la aparición del color, del bailoteo que anuncia que el verano está por llegar y de las nuevas ilusiones que con él nos llenarán.

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Querido Mayo:

Te vas.

Te escapas de mis manos y no sé cómo retenerte.

Te vas, y antes de irte has de leer esta carta.
Tenía ganas de escribirte. No es mi intención decir adiós de forma amarga o triste, bien sabemos los dos lo que nos gusta despedirnos y al año siguiente volver a encontrarnos. Quiero sonreír al pensar en ti, en la cara que vas a poner al leer esto que a ti te dedico. Te escribo, Mayo, mes de sinsabores y dulzor repartido en pequeñas pero intensas dosis.

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Siempre he pensado que las personas tendemos a crear una cuenta atrás cada vez que algo comienza, como con prisa por acabar lo que acaba de empezar. Tendemos a dejar que los días pasen y que nuestra boca pronuncie aquello de ¨ un día más que se va ¨.Y yo sin embargo te empecé a querer, como cada año, a tu día primero de vida, Mayo. Con el sol en la cara y la ilusión en mis ojos dejé de lado el deseo de ver pasar el tiempo, dispuesta a no comenzar ninguna cuenta atrás contigo.

Lento, que mi Mayo pasara lento, eso pedía, saborear cada momento, dulce o amargo, da igual. Porque la amargura en ti no es amargura, no se queda en mi garganta, se endulza lo escrito al pronunciar tu nombre: Mayo. Que no salieras volando, que permanecieras a mi lado. Eso pedía.

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Me has dado buenos cafés, sonrisas, paseos, algún que otro bailoteo y saltos al vacío que han resultado ser la guinda de esta dulce compañía primaveral.

Alguna que otra sorpresa también he tenido. Con palabras de personas que creía ya fuera de mi vida me has recordado que todo vuelve, que es solo una armadura lo que en mí otros encuentran y que la ilusión que creía acabada  aún permanece.

 

Porque en esta vida hay que dejar sorprenderse, ¿no? Y tú de eso, querido Mayo, sabes mucho. Me lo has dado prácticamente todo en 31 días, con clima incluido. Calor, frío, sol y lluvia: como la vida misma. Mes de vaivenes, de altibajos, de suspiros.

Y que no se confundan los que leen esta carta a ti dirigida, Mayo, que contigo no es favoritismo lo que tengo: es pasión. Y esa pasión es la que me propongo sentir en cada uno de los meses del año. Sí, esa que tú y yo sabemos.

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Y es que eres precioso pero, y perdón por la expresión, también eres muy puñetero. Y sino que nos lo digan a los que somos alérgicos. Ojos rojos y semicerrados, estornudos, picores… ¡si ya lo sabes! Adoramos las flores que de tu mano llegan pero… ¡ay cuánto nos hacen sufrir!

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Como la vida misma. A veces aquello que más nos gusta, aquello que embelesados nos deja es justo lo que más rojez, estornudos y picor produce.

Incluso por esa rojez, estornudos y picores he de darte las gracias porque, de un modo u otro, has sabido aliviar esos síntomas con detalles que, sin duda, cada año te hacen especial. Éste por supuesto no iba a ser menos.

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Que el sol te dé en la cara tras haber pasado meses de frío, ir por la calle escuchando música y viviendo tu propio videoclip particular, sonreír porque sí, porque miras al cielo y la cara te cambia. Reír  por tonterías y como si nunca antes hubieras reído,  eso en concreto, Mayo, sé que te encanta. Parece entonces que esas amigas que a tu vera siempre están son las mejores que podrías tener, que simplemente por el hecho de cambiar el negro color invernal por el verde esperanza te resultan esa tarde las más guapas y especiales, preguntándote entonces: ¨ Ay Señor, ¿qué hacemos sin novio? ¨

Solo tengo que pararme a pensar un poquito para decirme a mí misma: ¨ Tú bien lo sabes Mayo: porque esos dandis están de pachanga al igual que nosotras, también esperándonos  y, tal vez, aún no ha llegado el momento. ¨

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En este mes todo parece renovarse y cobrar vida. Pecaré de romanticona y/o empalagosa pero, es así. Los colores vivos lo inundan todo y eso, queramos o no, afecta a nuestro estado anímico de una forma que no nos podemos llegar a imaginar. Ya puede ir mal el día que estás ahí, mañana, tarde y noche… inundándolo todo y dibujando sonrisas a medida que los segundos, minutos, horas y días van pasando.

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Yo prometo tenerte presente en los demás meses del año, llevar esos colores en mi vida, que la sonrisa sea mi bandera al igual que el ir bailando y soñando día a día. Tú a cambio promete que inundarás esta joven vida muchos años más… que bailando yo voy a esperarte y, ¡quién sabe! Algún maromo bailando conmigo tampoco estaría mal. Porque si hay algo que me encanta es ver cómo la  gente encuentra a quién regalarle flores, Mayo. Y da igual la alergia, a nosotras todo se nos quita con la sonrisa y flores de ese caballero rumboso que de la mano algún día nos va a llevar y que tú, Mayo, algún día conocerás.

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Con o sin ese individuo cogiéndome de la mano… a mí me gustaría tomar un último café contigo, antes de que te vayas. Bien sabes que soy una enamorada de los pequeños detalles  y que a nada le doy más valor que aquello que lleno de color y del corazón sale, así que… no voy a pedirte nada formal: una taza, tu compañía y una buena charla son más que suficientes.

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Quiero por último que no olvides algo: tienes admiradores que de ti mucho han aprendido y que ya están deseando volver a vivir un mes como el tuyo y que de hecho, gracias a ti, es muy probable que sigan viviendo en su Mayo permanente, haciendo de cada día lo que es: un verdadero regalo.

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Y ten presente, querido Mayo, que no eres un mes más, que nunca lo has sido y que nunca lo serás.

Te espero el año que viene.

 

 

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¨ Y es que es eso lo que perdura: la palabra escrita, la tinta sobre el papel y todo lo que dejamos en él.¨ 

Por lo que pudo ser y no fue…

…así te recordaré.

¿Y ya está? ¿Así se acaba? Pues sí queridas amigas, así se acaba. Al menos por mi parte.

Hoy me he levantado dispuesta a soltar todo lo que he ido callando desde que, en silencio, me fui retirando de un terreno que no podía ser mío y que, seguramente, nunca podré llegar a conquistar.

Suelen decir que una retirada a tiempo puede llegar a ser una gran victoria, ¿no? Pues dicho y hecho. Retirada estoy o por lo menos eso intento.

Supongo que todas nos hemos encontrado alguna vez  (y con esto reitero lo escrito en la anterior entrada que a ellos hace mención) con ese gentleman, classy man, caballero, truhán, señor… en definitiva, ese dandy.

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Pues sí, mirad de qué manera me mira James Stewart, y con razón. Tuve  la suerte, o desgracia, de topar con el que para mí ha sido sin lugar a dudas ese dandy, ese que con una sola sonrisa que hacia mí dirigiera ya lo tenía todo ganado.

Ese que al principio yo veía como el típico chulo y que creído se lo tenía, y que luego resultó ser pues… aquél con el que no me hubiera importado comenzar algo y  poco a poco compartirlo todo.

Os hablo de aquél  con el que sin planearlo te tropiezas, aquél que llega en el momento justo en el que tú, seria y decidida, miras a tus amigas y dices: ¨ Comienza mi período de desintoxicación de hombres¨.
¡Pues no! De desintoxicación nada, que en el momento en el que el dandy te sonríe y empieza a pasearse delante de tus narices no es precisamente desintoxicación lo que consigues, sino todo lo contrario. Al darte cuenta de que es inútil resistir a sus encantos tu cara es tal que así: (a nuestra querida y siempre amada Audrey hasta le queda bien posar de esta forma)

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Por suerte o por desgracia yo caí en sus redes. Nunca he sido partidaria de aquello de ¨con un clavo se saca a otro clavo¨, opino que los clavos se van acumulando si te vas dedicando a coleccionarlos pero él, ese individuo del que os hablo, cambió totalmente mis esquemas.
Como ya os he dicho este individuo apareció sin buscarlo y  sin que la casualidad ayudara en nada (aprovecho para defender públicamente que las casualidades no existen), aunque en silencio alguna que otra amiga ya tuviera pensado echar una mano a la providencia para encontrarnos.

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Todo esto sería más fácil si con él nada tuviera en común, pero no es así. No voy a aburriros ahora mencionando qué es aquello que tenemos en común porque él de sobra lo sabe y no es lo que me ocupa en esta entrada, pero sí os digo algo: supe que tenía delante de mí al que sin duda sería el mejor hombre con el que  hasta el momento podría encontrarme y, lo más importante, el que me haría feliz después de tanto castañazo que me he dado y de tanto sapo que he encontrado. No digo que sea perfecto y para nada busco al príncipe azul, pero hubiera estado dispuesta a conocer y valorar lo bueno y conocer y aprender a querer lo malo, recordad que las virtudes y defectos en el amor van en el mismo paquete y no hay opción de cambio.

¿Amor? ¿He mencionado amor? No llegué hasta tal punto con él pero estuve dispuesta y quizás en el fondo aún lo esté.

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Claro está, soy conocedora de lo que yo he sentido y siento pero, ¿y él? Supongo que no lo sabré y que me quedaré con la duda de saber si a ese dandy se le llegó a pasar por la cabeza que alguna vez yo pudiera ocupar un lugar importante en su corazoncito.

Porque recordemos que también los dandies tienen corazón, por mucha fachada y chulería que por los poros de su piel desprendan.

Encontrar a alguien con quien poder compartir unos mismos gustos,valores y creencias, entre muchísimas más cosas, eso a día de hoy es muy muy difícil y quien diga lo contrario miente. En un mundo en el que todo es fachada y postureo a las románticas, humildes y sencillas jovencitas se nos hace casi imposible encontrar al que buscamos o, simplemente, sentirnos llenas con los que tenemos al lado. Pocos son los hombres que realmente llenan en todos los sentidos a una mujer y si tenéis a vuestro lado a alguien así, de corazón os lo digo, conservadlo y queredlo.

correr por las líneas de la mano

Os estoy hablando de alguien que en tan solo unos meses y con pequeños pero a la vez grandes detalles puso en mí la duda de “¿y si…? ¿Y si fueras tú?”

Desde la tontería más absurda que hiciera para picarme hasta la conversación más sincera a altas horas de la noche en momentos amargos. Conversaciones como esa eran para mí impensables con un dandy que en esos momentos podría conmigo haber callado y por un momento yo lo vi sincerado.

Todo contaba, y en pequeñas dosis todo aumentaba. Para nada voy a decir enamorada, pero sí, (y me cuesta reconocerlo) me vi ilusionada.

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Con mente y corazón  totalmente apoyados en ese ” lo inesperado es lo mejor que te puede pasar” yo intenté dejar miedos e inseguridades de lado con la esperanza de que, por ser como soy, ese dandy pudiera alguna vez mirarme con los ojos con los que yo le miraba.

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Decidí retirarme, no sé si a tiempo o simplemente porque me vi forzada, de un terreno que ojalá hubiese sabido conquistar. Pienso muchas veces en lo que pudo ser y no fue.

Se quedan, no sé dónde, mis ganas de reír contigo, de salir a pasear y perdernos por nuestra ciudad, de hacer del blanco y negro algo puro y elegante y llevar encima siempre algún que otro color vivo. Se quedan mis ganas de compartir y saber apreciar. Se quedan mis ganas de soñar y emocionarnos juntos. Y yendo a lo sencillo que es en verdad lo importante: se quedan mis ganas de decirte lo guapo que estás, cuánto me gusta tu camisa y cómo me gusta que te dejes la barba, de sonreír o reírme al verte posar, las ganas de oírte cantar Sinatra, de ver esas caritas particulares en WhatsApp, de oírte decir que soy una ¨joia¨, de la dulzura de un helado al que aún me tienes que invitar, de ese café que algún día espero tomar y de esa oración que un martes cualquiera me atreví a rezar esperando que tal vez me quisieras acompañar. Y bailar. Me quedé con las ganas de que me sacaras a bailar (con una rumba o unas sevillanas medio inventadas me puedo conformar.)

Tal vez soltar lo tanto tiempo guardado y lo que seguramente para ti hubiera sido mejor no mencionar no es lo más acertado pero, aquí está. Te sorprenderías al saber cuántos son los detalles  que he valorado, recordado… y, querido dandy, tú tienes la culpa de todo.

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Es así, y no hay más, y es un caso particular. Muchas tendremos en la mente a alguien en especial. A ese ¨pudo ser y no fue¨,  y si encima te encontraste con tal personaje, con tal dandy, entiendo perfectamente que estés como yo y te sientas identificada. Pero no desesperéis, que somos más fuertes de lo que nos pensamos y que aunque sigamos encandiladas por esa sonrisa tengo por seguro que nos esperarán muchas más, y si es él el que de la mano nos tiene que llevar… pues supongo que nos llevará. Sino (cruzo los dedos) el dandy de tu vida ya aparecerá. Mientras eso ocurre, amiga, vive enamorada de la vida e intenta por todos los medios disfrutar, que ya habrá tiempo de que nos lleven a la luna.

No se me ocurre forma de acabar esto así que, como siempre, iré directa al grano y repitiendo: querido dandy, tú tienes la culpa de todo. Sí, sí, tú.

En mi defensa diré que tú me sonreíste primero y que me alegro de ello.

 

Soy un truhán, soy un señor…

…algo bohemio y soñador. -Julio Iglesias, el más grande filósofo dandy que ha dado el siglo XX.

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Ahora que tenemos confianza, si me permiten el atrevimiento y como diría Tania en Mamma Mía! sólo por una noche y ni una sola más…voy a hacer algo que si me preguntan en público negaré en rotundo: defender a los hombres.

Pero no a todos, sino a ese estilo en decadencia y sin embargo muy cotizado (por mucho que las mujeres nos empeñemos en hacer creer lo contrario), el classy man, o como a mí me gusta llamarlo por hacerlo más ibérico, el dandy moderno. No es que sea el prototipo de hombre ideal de cualquier mujer, nosotras tan humildes y de poco pedir solo buscamos alguien con las facciones de Velencoso, la sonrisa de Patrick Dempsey, lo británico de Jude Law, el desaliño de Ian Harding y la gracia de Dani Rovira. Y siento deciros que de estos hay 3 y están pillados.

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En fin, volviendo a lo que nos ocupa, el concepto de dandy no es nuevo, pero se le ha dado una vuelta de tuerca que está haciendo olvidar el disgusto que a cierto sector femenino nos produjo tanta metrosexualidad. El dandy moderno es una mezcla de ideas que llevan a un punto intermedio la filosofía de “los hombres de siempre”  que ahora, sin embargo, escuchan Supersubmarina. Su religión les prohíbe mezclar rayas con cuadros y su Dios es Xabi Alonso.

Más que el estilo, lo que les hace inconfundibles es la actitud. Su actitud de Cary Grant desenfadado que los hace parecer que siempre van arreglados para cualquier ocasión sin llevar nada del otro mundo. Son esos que ya no quieren depilarse, que defienden su barba como si en ella se les fuera la vida y que llevan la camisa bien planchada por bandera (nunca jamás de los jamases entra en esta categoría la de manga corta, eso nos lleva a lo hipster y necesitaríamos otra entrada). Seres humanos que amortizan su colección de gafas de sol incluso cuando anochece a las 6 de la tarde en invierno, porque pueden hacerlo (Señores de Knockaround , ya está todo inventado).

El dandy moderno es un hombre duro, un tipo de ideas claras, amigo de sus amigos y muy amigo de sus amigas. Es ese extraño ser que te dice lo guapa que vas porque sí, no porque sea tu mejor amigo gay y use la ironía, lo dice porque quiere. Es patrimonio cultural de lo que viene siendo la humanidad, pero sólo la femenina. Sí, porque al dandy moderno novia, lo que se dice novia, nunca se le termina de conocer y pinta más a leyenda urbana.  Él es de todas y de ninguna.

Su tiempo vale un Rolex con correa de piel y números romanos y no lo invierte con cualquiera, aunque a ojos de alguna madre pudiera parecer el yerno perfecto. Sus sentimientos son dignos de estudio, y si alguno nos está leyendo nos ofrecemos encantadas a que nos los explique.

El dandy moderno adora la lectura, y no me refiero al Marca ni al As (que como ser todopoderoso aunque no sea futbolero puede darte una tesis tan válida como una de física cuántica). Es un hombre al que le dices Bukowski y no intenta repasar todas las alineaciones de las selecciones de otros países para buscarlo. Además son tan modernos que su tablet les permite leer blogs donde les cuentan como estar a la última (o wordpress tan elegantes y recomendables como el nuestro).

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También le gusta el cine, y sé que estaréis pensando que si tan perfecto es no puede ser real, pero os diré que hay mucho dandy suelto. Lo curioso es saber reconocerlo. Podemos confundirlos entre un paisaje de señoritos andaluces o de pijos redomados, pero el dandy moderno está ahí, apoyado con su copa de balón y con una pierna flexionada sobre otra con una mano en su bolsillo y poniendo una mirada de esas que los hombres se creen que nos gustan (a mí particularmente más de uno me ha parecido bizco de lejos). Y no, el pantalón pitillo no entra dentro de su estética, si acaso con una vueltecita en el bajo del falso de la pierna pero sin excederse que los mocasines y los Castellanos si brillan, con poco se lucen.

A lo que iba, el dandy moderno es un hombre que pega con todo. Vayas donde vayas, él hace la fiesta. Además luego queda muy bien en las fotos. Porque el dandy moderno posa. Y posa como dejándolo caer y sin prepararlo, pero posa. Y no le vayas a decir que no lo haga o que no le queda bien porque los dandys también tienen su corazoncito. Únete a ellos en la foto y posa, se sentirán felices y creerán que son trendy.

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Gracias dandies modernos de este mundo, os debemos mucho y sabemos de vuestra capacidad para arreglar el mundo cuando os juntáis con más seres de vuestra especie y con una copa en la mano.

“Me gustan las mujeresme gusta el vino, y si tengo que olvidarlas, bebo y olvido”

Derechos de imagen reservados a Silbon ® y Pinterest

Ojalá seas tú

Quién no ha cerrado alguna vez los ojos, ha apretado fuerte los dientes y esbozando una sonrisa ha dicho eso de “ojalá seas tú”. Y suspiras bien profundo y te dices a ti misma “por fin te encontré”  y aunque nunca seáis el uno para el otro el “hombre/mujer ideal” que buscabais, todas las teorías se derrumban para encontrar a su lado la más absoluta felicidad. Puede que la espera haya sido larga y que en el camino se hayan quedado aquellos sueños con los que queríais volar lejos pero por fin habéis llegado a ese punto donde vuestros caminos se han cruzado para hacer un sólo camino, o tal vez se sigan cruzando, qué más da, lo que si sabes es que basta con sentirle cerca en cada paso, en cada respiración y en cada momento que os deja sin aliento.

Paraguas

Porque desde el momento exacto en el que él apareció le quisiste susurrar muy bajito al oído: ¿Sabes? Yo podría caminar contigo bajo la lluvia, abrazados bajo el mismo paraguas, o saltar juntos los charcos mientras reímos a carcajadas como niños. También podría mandarte un mensaje diciéndote “Cariño, pásalo bien esta tarde en el fútbol con tus amigos” y a la vuelta te esperaría con la frente lista para uno de tus besos que despiertan las mariposas de mi estómago y los brazos los tendría bien abiertos esperando uno de tus abrazos, esos que me protegen del frío y de los miedos. Y podría dejarte mi hombro como almohada en los viajes, en esos viajes que haremos juntos, quizá al otro lado del charco cada verano, quizá algún viaje furtivo a Madrid, quizá una escapada de fin de semana para conocer Europa, dame tu mano y tengo lo necesario para recorrer el mundo.

pareja Madrid

 

Los cines también nos esperarían y podría acompañarte a ver cualquier película, incluso sagas completas, si cuando el protagonista corre peligro, me agarras fuerte de la mano y me miras con tu cara de “los malos no pueden ganar”. Para las tardes de lluvia mi sofá estaría disponible para perdernos entre abrazos mientras los protagonistas de cualquier película se besan. Y cuando creas que nada tiene sentido, cuando todo se vuelve gris, cuando los agobios te invadan la vida, yo podría escucharte, abrazarte fuerte y yo estaría ahí, contigo, para decirte que todo irá bien. En tus noches de insomnio, cuando los proyectos pendientes no te dejen dormir, yo podría preparar café y sentarme a tu lado mientras construyes entre grandes folios y ordenadores. También podría hacerte reír a carcajadas y bailar contigo toda la noche. Y podría construir contigo un mundo mejor,  más humano, y podría acompañarte a un partido de tu equipo favorito o algún día tu serías Han Solo  y yo Leia perdida entre tus brazos mientras el Halcón Milenario nos lleva a cualquier galaxia lejana.

beso Leia Han Solo

Ya ves, yo podría tantas cosas. Tal vez no sea fácil, nadie nos dejó escrito cómo ser felices, nadie supo nunca dejar unas pautas para cuando las cosas van mal, para cuando la distancia se interpone o para cuando todo parece imposible. Sólo sé que si tú quieres yo podría hacerte feliz y aunque para lo nuestro no haya receta, será mucho más divertido improvisar.

primera risa

Y porque creo en el amor a primera risa, porque creo en la magia y en los juegos que unen, porque aquella noche la reina encontró en la baraja un rey con quién bailar, porque aquella noche por fin te encontré, y porque estoy segura de que nuestros caminos no se han cruzado por casualidad,  hoy cierro fuerte los ojos y pido que “ojalá seas tú”.

Para cuando decidas volver…

…yo ya me habré ido. Así. Rotundo. Y punto.
Yo quisiera levantarle un monumento a aquel que dijo que segundas parte nunca fueron buenas, porque aparte de vaticinar grandes fracasos cinematográficos, nos avisó de que cuando damos por terminado algo es porque todos los caminos lo dan por acabado (aunque no lo creamos).
Sí, ya se que a Jennifer Aniston y Ben Affleck les salió bien lo de volver en “¿Qué les pasa a los hombres?” pero eso no garantiza que en la vida real suceda lo más mínimamente parecido.
Hay que saber decir adiós, un adiós definitivo, un adiós porque es más la energía invertida en destruirnos que en recomponernos, un adiós porque hemos dejado de crecer como personas para crecer como seres incapaces de no pelear, un adiós porque la vida no está hecha para buscarnos nuestros propios precipicios.
Puede resultar sorprendente que ese día en que nos armamos de valor para volver a la tierra firme (o ese día en que lloramos hasta no poder más porque nos han dejado y no hay nada de chocolate en la despensa) se esfume por completo al volver a ver a esa persona, al ver una foto suya en Facebook o al leer un tweet donde cuenta lo tarde que volvió de fiesta.
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Ese momento de debilidad está hecho para probarnos que la vida sigue, que aunque pareció que el mundo se paraba y el tiempo se detenía y que lo que antes hubiera supuesto un hecho extraordinario, no es más que el recordatorio de que debes hacer limpieza en tus redes sociales.
Así, sin más. Porque las mejores ideas surgen de los momentos más cotidianos y porque cuando te vas a la cama triste y derrotado, a la mañana siguiente puedes cambiar el mundo si te lo propones. Quizás creas en Dios, en el destino o en las estrellas pero, sea lo que sea, la vida te dio la oportunidad de ser feliz en algún momento y debes devolvérsela dejando ser felices a los demás para poder volver a serlo tú.
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No pretendo decirte que sea fácil, al contrario, creerás estar mucho más tiempo del que parece al límite del precipicio pero cuando te des la vuelta y regreses a lo que te llenaba de emoción antes de que esa persona apareciera, lo verás todo con un color más bonito, con más luz y descubrirás que quien siempre ha estado ahí merece una parte de ese corazón que aunque ahora roto, más tarde será arreglado por una persona que probablemente aparezca de manera torpe e inesperada en tu vida. Porque todo lo bueno aparece sin señales de serlo, si no…¿qué gracia tendría la vida si no nos guardara sorpresas?.
Friends (1994 – 2004) - Jennifer Aniston, Courteney Cox, Lisa Kudrow, Matt LeBlanc, Matthew Perry, David Schwimmer
Vuelve a ilusionarte, a reír sin motivo y a avergonzarte de los numeritos de tus amigos cuando llevan dos copas de más, entonces, habrás vuelto a ser la persona de la que un día se enamoró alguien y no supo mantener…